Tú debes ser el cambio que quieres ver en el mundo

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JAIME LERNER

Alcalde de la ciudad de Curitiba, Brasil, en tres períodos (no consecutivos) entre los años 1971 y 1992 y que transformó a esta ciudad en un referente mundial en temas de planeación urbana, transportes, cuidado al ambiente y programas sociales.

Jaime Lerner es un ejemplo de que la osadía y las convicciones son la base del cambio y que con los mismos recursos que para otros son una excusa para el inmovilismo, con perseverancia y una visión humanista e innovadoras, no sólo se pueden generar cambios maravillosos que implican cambios profundos y perdurables en la calidad de vida de cientos de miles e incluso de millones de personas, sin que para ello se requiera ser presidente de una nación o de un gran conglomerado económico.

Este ex alcalde de Curitiba (1,8 millones de habitantes) y ejemplo para todas las administraciones urbanas, es el polo opuesto de tantas autoridades acostumbradas a seguir caminos ya desgastados y a aplicar teóricas soluciones ya probadamente ineficientes puesto que poco y nada aportan para revertir el deterioro de la ciudad, pero que, sin embargo, resultan cómodos y libres de cuestionamientos, ya que siguen las tendencias, las cuales pocos cuestionan por negativas que resulten.

Jaime Lerner destaca porque desafió las tendencias de su tiempo y creó más espacios viales para el transporte público, no para el privado, y aumentó los espacios públicos para los niños y los peatones, no para los estacionamientos.

De hecho, dentro de todas las innovaciones, “apuestas” y “utopías” en que se embarcó Jaime Lerner, muy difíciles de esperar y encontrar entre planificadores y autoridades cuyo lema es simplemente no correr riesgo alguno y simplemente dedicarse a hacer lo que siempre se ha hecho, quizás la más llamativa y decidora ocurrió en 1972, al transformar en paseo peatonal el distrito central de la ciudad.

Para ello, en una época donde el automóvil ya era el rey, debió enfrentar la oposición de una gran parte de los habitantes de la ciudad y, particularmente, de los automovilistas y comerciantes. Por ello, tomó la valerosa y arriesgada decisión de realizar la remodelación en 48 horas durante un fin de semana, cuando los juzgados no funcionan y no había riesgo de que las obras se paralizaran por alguna acción judicial.

Se comenzó a trabajar un viernes en la noche y cuando llegó el lunes, las obras ya estaban terminadas. Las plantas de las nuevas áreas verdes construidas fueron inicialmente robadas, pero él las repuso. Acciones concertadas de los automovilistas para retomar el espacio que habían perdido chocaron con la estrategia de Lerner de ocupar el espacio recién ganado por cientos de niños.

El resultado a las semanas: comerciantes de otras zonas de la ciudad pidiendo que se peatonalizaran sus calles; el resultado en conjunto de este tipo de medidas: los habitantes de Curitiba consideran que viven en la mejor ciudad del mundo y Jaime Lerner llegó a tener el 92% de apoyo ciudadano durante su mandato.

Lerner es la otra cara de la moneda frente a autoridades demasiado timoratas y escasas de convicciones; carentes de una visión de ciudad y esclavas de su popularidad a corto plazo, sensibles a las más mínimas y antojadizas presiones y que casi sin excepción prestan más atención y se ven más influidas por el alegato vociferante de unos pocos por injustificado, irracional o egoísta que éste sea, que por el bienestar de la mayoría sí esta no lo demanda a viva voz o no tiene el grado de influencia suficiente para ser escuchada.

Quizás lo más valioso de destacar, es que Jaime Lerner realizó cambios innovadores y arriesgados y no siempre populares en Curitiba, sin que necesariamente tales intervenciones hubiesen sido ya probadas y testeadas en otras ciudades (requisito que para otros resulta ineludible para actuar) y, además, sin que en Curitiba se diera ninguna circunstancia especial ni ventajosa que facilitara tales cambios. En otras palabras, Curitiba, al asumir Lerner, no estaba en mejores condiciones económicas ni sociales y su población no presentaba mejores índices educacionales ni de ningún otro tipo que la que tenían decenas de otras ciudades de Brasil y que, en aquella época, no tuvieron la suerte de tener a la cabeza una autoridad que les ayudara a salir de su ritmo de decadencia habitual (léase más autos, más autopistas, más basura y menos áreas verdes, todas áreas en que Lerner intervino). El único gran factor que marcó la diferencia para Curitiba fue la osadía, la valentía y la fuerza de las convicciones respaldadas por un fuerte sentido humanista de su máxima autoridad.

“El sueño de una persona es ser reconocido en su propio barrio, es tener un sentimiento de identidad con su propia ciudad y pertenecer a esa ciudad”
Jaime Lerner

 

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